martes, 13 de abril de 2010

Marketing de experiencias ¿Cuándo?

Para nosotros fue una consecuencia lógica de los caminos emprendidos. Comenzamos a hacerlo antes de que se hablara de Marketing de Experiencias. Casi en las primeras etapas de nuestras carreras artísticas.

Fueron las instituciones públicas en su deseo por llevar cultura al máximo de personas, la carencia de espacios donde desarrollar y promocionar eventos culturales, lo que nos alentó a sacar nuestro arte a la calle.

Fue el arte en la calle, lo que nos facilitó una relación espléndida y cercana con un número importante de personas. Podíamos respirar sus necesidades antes siquiera de oírles hablar. Podíamos cortar, con un soplo, sus ansia por conocer historias, por acceder a otros puntos de vista.

Esas necesidades y esas ansias, satisfechas, desataron un deseo irrefrenable de acción. Al estar fuera del contexto de la seriedad y lejanía que imprimen en el público y los artistas, la comunicación en espacios a la italiana, surgió un nuevo deseo del espectador, vivenciar y jugar con nosotros parecía la única salida a sus demandas de juego.

Corrimos el riesgo de que no nos dejaran contar la historia solo a nosotros. Y un día, ellos empezaron a participar.

Fue una época donde también descubrimos que el arte tenía una capacidad comunicadora impresionante y que con ella podíamos dibujar nuevas realidades de pensamiento, emociones, ideas, futuros, utopías. No fuimos los únicos que se dieron cuenta, algunos empresarios y políticos del pueblo crearon tendencia. Empresarios que promocionaban sus negocios. Políticos que promocionaban públicamente su dedicación a la cultura para ganar más terreno a sus oponentes.

Luego, llegó el momento de meterse en largas jornadas de estudio en desvencijados laboratorios, en rudas y frías bibliotecas y trabajo duro en cualquier medio para conseguir el máximo de perfección en el manejo de las herramientas creativas. Para conseguir el máximo rendimiento en el único objetivo del arte TRANSMITIR.

De laboratorios con capacidades reducidas, a espacios a la italiana y a espacios alternativos.

Y un pensamiento, ¿cuándo volvemos a jugar en cualquier espacio?

Alguien dijo, podemos personalizar arte, caminamos, transitamos y más tarde escuchamos que se le había dado un nombre: Marketing de experiencias.

Nosotros le habíamos llamado marketing experiencial o marketing de la vivencia justo en el momento en que nos dimos cuenta que una marca contiene un mensaje y que ese mensaje está compuesto de tantos elementos que necesita todo un despliegue de herramientas artísticas para que otros puedan verla, escucharla, entenderla y vivenciarla.

Con el aumento de exigencia, de la percepción de una marca con contenidos de mensaje, aumentó.La marca es personalidad esto requiere del cuidado de todos y cada uno de los detalles.

¿Cuándo? SIEMPRE.

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