lunes, 19 de abril de 2010

Marketing de experiencias ¿Dónde?

¿Donde nos vemos mañana? Le dijo la rana al sapo

En el sitio donde más te gusta pasear desde que nos conocimos.

Al día siguiente la rana pasó la tarde en el parque y el sapo contando los baldosines del centro de la ciudad.

¡Lástima! la rana había olvidado el móvil en casa.


El contexto de revisión constante será cualquier espacio que podamos inventar, de forma común, con el objetivo de enriquecer tu punto de vista y de enriquecer el punto de vista a tu interlocutor.

El espacio vital para la construcción de un evento como Marketing de Experiencias comienza en lugares distintos para fluir hacia espacios comunes.

Dotar de veracidad un mensaje de marca o de autor, comienza en la marca o el autor y termina buscando los canales de transmisión de ese mensaje a un grupo determinado de personas. Elige el marketing para encontrar contenidos y explorar los canales sociales y termina eligiendo el arte para amplificar contenidos y dotarlos de capacidad de experiencia y vivencia.

Condenados a entenderse el arte y el marketing deberán crear espacios, de forma común, para estudiar juntos la transmisión correcta de mensajes.

El arte correrá a su lugar de trabajo y de allí sacará los volúmenes de fórmulas matemáticas concretas, apuntes de física y química, revisará todas las herramientas emocionales que maneja, a la perfección. Y apoyándose en esas fórmulas estudiará el capítulo del sonido, los olores, los sabores, los colores, la composición y ordenamiento y la musicalidad de las palabras. La música, el movimiento, las puestas en escena, las estructuras dramáticas y coreográficas. Encontraré perfiles de artistas concretos y adecuados a la tarea, con ellos, reinventará los como si, las circunstancias externas, internas, subyacentes, los vínculos, los objetivos, crearán partituras de acciones. Casara todos los datos. Elaborando hipótesis, las pondrá en pie, desestimará, volverá a revisar buscando más información.

Preguntará, preguntará y volverá a preguntar.

Y un día, el arte llegará hasta un escenario a la italiana, los pasillos de una mina, un lienzo, una montaña, una farola, un suelo, un bote de aspirinas, en el espacio vacío de un tren, en un árbol, una pradera. Una bolsa de papel y la punta de un alfiler. En una plaza, a la vera de un río, en salas polivalentes, o alternativas, en caminos, en posadas. En la cuadratura de un triángulo, en una sala disco, en la azotea de un edificio, un estadio, al borde de un precipicio, una farola, una pantalla plana, un barco y hasta en el fondo de mar, el arte, mostrará un trabajo realizado con mucho mimo.

Marketing habrá construido los senderos, caminos, pistas y autopistas para que el arte tenga público. Juntos tendrán que haber dibujado en el ambiente y de forma perfecta, el mensaje del autor o marca.

Insistimos. El arte preguntará, preguntará y preguntará para satisfacer su necesidad de transmisión perfecta y ordenada del mensaje. Y por experiencia, marketing también preguntará, preguntará y preguntará. Los dos quedan obligados a responder y dar explicaciones sino queremos seguir asistiendo a eventos desgajados donde el mensaje se diluye por los huecos. Si no queremos sentirnos como quien quiere tragar sopa de piedrecitas de colores.

¿Dónde? EN CUALQUIER SITIO

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