miércoles, 21 de abril de 2010

Marketing de experiencias ¿Quién?

Desvelando el misterio.

El primero, que es el siente que debe adquirir recursos y habilidades para enriquecer las suyas propias. El tercero, que el que ofrece sus recursos y habilidades. El segundo, que es quien observa y crea puentes entre el primero y el segundo.

Son los tres, justo en el momento en que se dan cuenta de que el mensaje ha de pasar de ser solo un logotipo o slogan a convertirse en un todo con contenido porque en realidad todo se compone de signo y significado y no se puede excluir al uno de otro.
El conocimiento de esta premisa y la implicación que tiene este descubrimiento en todos los ámbitos donde sea preciso convocar a la comunicación desemboca, de forma inequívoca, en la plaza donde descansan el arte y el marketing charlando animadamente del Marketing de Experiencias.

El primero, asume que precisa de preguntas que han de ser satisfechas para elegir correctamente de entre todas las zanahorias, de los muchos conejos del mercado. Tendrá que explicar a su cadena de recursos y habilidades disponibles, informar de ideas, formas de aplicación, calmar ansiedades ante previsibles cambios, satisfacer correctamente demandas de superación ante futuros obstáculos, promover y convencer de mejoras en su estructura interna.

El tercero, encuentra que necesita explicar, saltar objeciones y convencer de mejoras a su estructura interna hasta que ella se convierte en una sola voz que convence, con un solo mensaje a distribuir. Convencer de mejoras, dar explicaciones, saltar objeciones al primero. Y asumir las tareas del primero cuando se convierte en él.

Invertir los esfuerzos en conseguir una coherencia máxima en todos los recursos y habilidades disponibles es la única forma de conseguir el valor correcto que el marketing y el arte simplemente han de transmitir.

El segundo, observa, imagina, prueba y construye herramientas adecuadas para dar rentabilidad a todas las inversiones que el primero y el tercero promueven para satisfacer sus necesidades tanto en los canales de compra, gestión y administración, como en los canales de distribución.

Cuando se comienza a ser consciente de la complejidad del mensaje que se ha de transmitir y de todos los contextos donde este mensaje ha de llegar, el marketing de impacto, siendo imprescindible, también deja espacio suficiente al marketing de experiencias asumiendo códigos de este para conseguir mejoras óptimas en todo el proceso de comunicación.

Un día, el arte estuvo en la calle, se fue de copas y dialogó, de forma terca y perseverante con el público asistente, el deseo de transmisión del mensaje de forma perfecta pudo ser puesto a prueba en medio de comentarios, reflexiones y reacciones.

Un día, el marketing leyó miles de estudios de mercado. Tuvo acceso a millones de análisis de resultados y salió a la calle, tomó copas. Observó que no sólo hay muchos conejos vendiendo zanahorias en el mercado. No, hay demasiados y descubrió que no sirve sólo con dar una orden envuelta en un grito para que el primero te escuche.

El arte y el marketing tomaron muchas copas juntos y más tarde tuvieron su primera riña. Es el momento de escuchar al otro, de entender cuál es, de forma concreta, tu campo de juego y respetar al máximo el campo de juego del otro para luego decidir crear un campo de juego común, con reglas satisfactorias para los dos.

¿Quién? TODOS.

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