miércoles, 26 de mayo de 2010

¿Porqué?

¿Porqué saltas y cantas conejo?
Creo que encontré mi nombre Juan Juglar. Se lo pedí al apuntador, tiene miles de nombres guardados en un trastero. Sacó muchos, me preguntó muchas cosas hasta que dio con el nombre correcto.
¿Y cómo sabes que es el correcto, conejo?
Lo sé Juan Juglar. Lo sé ,porque me describe entero. Me presento, soy Raúl Zanahorias de la Pradera.
Encantado de conocerte. Dice Juan Juglar sacándose el sombrero. ¿Tomamos unas cervezas?



¿Porqué?


Es la pregunta que justifica tus acciones, la que te explica en todo tu contexto. El porqué es certero se cuenta a si mismo y cuenta al mundo entero, lo revuelve, lo estruja, lo expande, lo salpica todo de infinitos, lo devuelve a la casilla y trasciende la pequeñas rejas del devenir mañanero. El porqué llena de certezas hasta al ser más rastrero, exalta las virtudes del honesto y arremete como un mazo contra los obstáculos más retorcidos. El porque llena de fuerza cualquier estructura vieja convirtiéndola en cometa. Deja huellas profundas hasta en leves pisadas. Te ata a la madre tierra. El porqué arrasa y arrastra a cualquier moribunda circunstancia. Transforma la cara de cualquier espantoso miedo. Convierte las esquinas en preciosas líneas rectas. Pilla diagonales y las esculpe hasta convertirlas en círculos perfectos. Desatasca, sin esfuerzo, las tuberías de edificios declarados ruinas. Revierte condiciones, recompone lo bueno o trae horrores. Es la misma semilla del cambio. El emperador de todos los movimientos, de todas las direcciones, de todas las acciones. La pregunta que apuntala, que se convierte en los mismos cimientos. Que construye y que destruye. Que nivela los opuestos y es el mismo centro del maremoto, del huracán, del terremoto más extremo o placentero.


Los porqués contienen todas y cada una de las preguntas. Son barrigudos inmensos. Almacenes gigantescos con una sola puerta pequeña, con miles de estanterías que guardan Cuandos de fuego, de agua o de viento. Cómos viajeros. Qués que rodean todos nuestros encuentros. Quienes de sabores extraños. Dondes de caminar perfecto.

Juan Juglar y Raúl Zanahorias de la Pradera chocan sus jarras de cerveza, en silencio.
¿Porqué no me hablas ahora de actor Juan Juglar?
¿Recuerdas? Te dije que esta pregunta es un gran almacén pero que tiene sólo una puerta pequeña.
No veo la puerta.
Porque la ama.
¿Y porqué la ama? ¿porqué? ¿porqué? ¿porqué?
Te has convertido en un niño pequeño Raúl Zanahorias de la Pradera.


Ven, juguemos juntos. Esa es la única razón que desemboca justo en la plaza del marketing de experiencias.

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