miércoles, 19 de mayo de 2010

¿Quién?

¿Quién?
Necesitas un nombre conejo.
¿Y como te llamas, tu juglar?
Aprendes rápido. Me llamo Ricardo, Hamlet, Ofelia, Julieta, Inés, Segismundo, Rosaura, Titania, Creonte, Ayax, Helena, Isolda … pero llámame Juan.


Quién es una pregunta difícil, compleja, engorrosa pero llena de satisfacción cuando la respondes. Responder al quien, revierte en beneficios cualquier pequeño esfuerzo. Un quien, es un cúmulo, un almacén repleto, un buque cargado de miles de tesoros que sale a flote después de un trabajo intenso, una biblioteca unida a los millones de bibliotecas del mundo, una cantidad ingente e incalculable de bits de información abriéndose caminos por las mentes, los corazones, los códigos de ADN, los electrones, los protones, viajando sobre una partícula de quaskar por los espacios infinitos de la no materia del universo. Un quien recompone y destruye. Un quien es una bandera que ondea y aglutina miles de ideas, sentimientos y de vidas. Olvida la primera y segunda dimensión, inicia su camino por la tercera, pasa por la cuarta y se detiene en la infinita, si es que alguna vez logra detenerse. Porque el quien, camina, se mueve, acciona, ama, baila, sufre, goza, comete errores, atrapa aciertos, se llena de éxitos, salta, nada y descansa. El quien, cuando se reconoce, te abre a la libertad más imponente. Con él dejas de ser algo para ser alguien. Sin él tus lágrimas y risas sólo estarán pintadas, como pintados estarán todos los que las vean o escuchen. El quien, te lleva al bar de la esquina y a la esquina de tu deseo.
Juan juglar, toma la mano de conejo y la acerca a actor. Tócale y pregúntale sin miedo.

¿Quién eres?

Óberon, dice el actor mientras trepa por la estructura del árbol, escondiéndose entre las hojas. Desde allí alarga la mano a conejo, se apoya en ella y de un salto se le cuelga al cuello, olisqueándole entero le dice, recuerda que soy el rey de las hadas de este bosque. Pero luego, si te apetece, nos tomamos un zumo de zanahorias en la plaza y allí me llamarás José, dijo en el tono más campechano del universo.

Si quieres que te hable de teatro seré José actor protagonista, comentó mientras elevaba la punta de su nariz con un gesto coqueto.

Me llamarás José Corrala, si quieres que te hable de nuestro proyecto, volvió a decir mientras elevaba sus hombros y tocaba su perilla con un gesto grandilocuente.

Hace tiempo que dejé de arrastrarme por los caminos como componente de un ñaque. Y en este preciso momento, pilló hasta una chepa cansada pero brillaron sus ojos como dos ascuas de satisfacción.


Los quiens son rubios, altos, morenos, gordos, pequeños, castaños, pelirrojos, flacos. Son fuertes, débiles. Son camaradas, amigos, compañeros, enemigos, carroñeros, leves, dulces, ágiles, hermosos y feos. Pero ninguno es substituible.

Necesitas un nombrador de quiens. Suelen ser intrépidos arqueólogos jubilados, expertos en cuandos y en comos, con una colección perfecta y ordenada de ques. O convertirte en uno de ellos.

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