martes, 29 de junio de 2010

Hablando con Arte, invitamos a Marketing

La experiencia interactiva nos sitúa justo en el proceso donde el diálogo aparece.

El diálogo no es simplemente el vehículo de transmisión de un mensaje. Es una forma de interacción abierta que ofrece la posibilidad de ejercer dominio sobre los propios asuntos, sobre la propia vida, mejorarla y humanizarla.

El diálogo busca lograr encontrar un espacio común donde ofrecer e intercambiar opiniones sobre las causas que conforman una situación para desarrollar luego, una planificación de caminos donde volcar soluciones, concluyendo, cuando ambos interlocutores se comprometen a trabajar juntos para alcanzar un objetivo común.

La exposición pública de mensajes y objetivos demanda interacción cuando la intencionalidad es la de enriquecimiento mutuo. No se avanza solo, es preciso tener aliados comprometidos y el compromiso exigido no es realmente compromiso o al menos, no genera confianza. La desconfianza es la pieza fundamental que hay que transformar para ocupar el espacio que se necesita si lo que se busca, de forma real, es un desarrollo sostenido y que tienda a la expansión. La apertura de puertas implica honestidad y sinceridad en todos los puntos de proceso.

¿No es, quizá, éste punto donde el arte mira de reojo el concepto institucional o empresarial y donde determina olvidar el diálogo directo y constructivo con ellos? Es aquí donde arte cierra los ojos, cierra la boca y decide dejarles hacer, mientras busca desesperadamente una solución nueva y positiva para crear industria, en un país, que hace tiempo que oculta y niega, de forma sistemática, el valor de las personas que nacen en él.

No siendo culpa de nadie y siendo culpa de todos, la situación que hemos vivido a nivel social en este país, ha admitido el grito, la orden, el acaparamiento y el soborno como una solución de venta de ideas y de productos despertando la alarma de todo el ámbito artístico en todo el territorio nacional. Pero a ¿Cuantos artistas cómodos e incómodos conocemos? ¿No es cierto que también, nosotros, participamos del juego?

En estos momentos de crisis toca sacar todo el valor que ocultamos y aprender a mirar más lejos de donde las circunstancias sociales nos dejaron, toca dejar de gritar y dar órdenes a diestro y siniestro, no porqué nos hallan callado la palabra, sino porqué es hora de levantar y ayudar a levantar vuelos.

Es hora de conservar la calma y de ayudar a cambiar palabas viejas por nuevas. Olvidar monopolios, discursos vanos y manipuladores para generar experiencias interactivas de peso. Hay que olvidar producto o y cambiar a la palabra servicio. Olvidar palabras que caminen despacio o rápido hasta convertirse en enfados y transformarlas en diálogo.

Para ello, observa: el entorno que circunda las palabras viejas, olvida afrentas y recuenta personas que construyeron empresas, instituciones y organizaciones, bajo tu mismo cielo. Revisa sus vidas, sus sueños, sus anhelos. Haz caso a sus sufrimientos. Aprende a leer sus cuentos en miles de estadísticas y estrategias que parecen vacías. Encuentra los retazos de humanidad que esconden detrás de apisonadoras de nombres y devuélveles integridad para que con ella puedan aprender a colaborar pero creciendo. Saca todas tus armas y herramientas, conviérteles en parte de lo que tu eres: analista perfecto de situaciones. Generador de equipos de alto rendimiento. Jugador perfecto que toma el mundo por tablero. Pionero a la caza de grandes retos. Contador de cuentos que transmiten mensajes certeros y duraderos. Experto en diálogos eternos. Ayúdales a crear experiencias que les ayuden a mantener sus vidas y sus sueños.

No les dejes tomar, por más tiempo sopita, de piedrecitas de colores.

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