lunes, 7 de junio de 2010

Personalidad de una Marca

Revisamos las estructuras que los profesionales del marketing esbozan y somos conscientes de la importancia extrema y del valor que ofrecen pero siempre queda la sospecha de la poca percepción del movimiento, de las mareas y de los vientos en la que participa cualquier entidad que se mueva en una realidad compleja. Los procesos de ejecución no aparecen claros aunque si la idea.

Iniciar un proceso de transformación de producto a Marca implica una total aceptación de quien eres. De cómo te ven los demás y de lo que quieres ser.

La Pasión Española, ¿ MarcaEspaña?  es un concepto agradable de trabajar pero la Pasión Española, sufre de abusos varios. Reconocerla y aceptarla, no viene nada mal, porque no es un valor nada desdeñable y tiene un potencial ilimitado que Marca la diferencia. Cambiar la idea del pelotazo por una estrategia de competencia y resistencia, no es tan grave, si lo que les espera es una proyección inimaginable de sus activos.

La interacción entre lo que soy, lo que ven los demás y lo que quiero ser se superpone con rotundidad al juego artístico. No en vano un artista parte de un yo soy concreto para construir un lo que quiero ser, ejerciendo un absoluto control sobre lo que los demás ven y verán.

No es casualidad que un equipo artístico, construyendo una pieza, dedique mucha parte de su tiempo en laboriosos análisis de mesa.

El análisis de mesa no se circunscribe, al estudio memorizado de un texto. Un análisis de mesa se compone de un arduo trabajo de investigación que conlleva una revisión perfecta, del momento histórico donde fue escriba la obra, un conocimiento exhaustivo de la vida, obra completa y un delicado estudio de la pieza que se trabaja para desentrañar el objetivo principal de ese autor. Se convierte en un experto de la filosofía, la psicología, la política que rodea ese objeto de estudio. Rescata la intencionalidad de cambio que propone el autor con su entorno social y tiene en cuenta las consecuencias que de la puesta en pie se obtuvieron. Se estudian los complejos procesos psicológicos, filosóficos, emocionales, sociales, circunstanciales que relacionan los personajes entre ellos y entre el público de la época para los que se escribieron y para los que vendrán a verlos de nuevo. No se deja nada al azar en la composición de la misa en escena, ni siquiera un pañuelo que saca un actor al final del primer acto. Aquel tonto pañuelo, contiene en si mismo un argumento entero que casa con todo lo estudiado. No acaba aquí el análisis de mesa, revisa cada palabra, cada intención, cada nombre, cada acción, vínculo y circunstancia y la traslada, con una precisión milimétrica al entorno social actual. Se buscan las coincidencias, se desvelan las diferencias y se toman decisiones comprometidas con lo que verán los que llegarán a las representaciones. Se transforman textos, se combinan colores, sonidos y sabores para que lo que no pueda ser entendido por distancias, se entienda. Se hace un esfuerzo descomunal para desenmascarar signos que contienen significados varios, de cada signo se toma una decisión para acércalo al público futuro.

Comienzan los ensayos y en cada uno de ellos, vuelven a surgir transformaciones infinitas de los mismos signos. Cada noticia que vocean los telediarios y los periódicos afecta irremisiblemente al conjunto porque el artista sabe con certeza, que cualquier pequeño viento hace cambiar las velas. Cada cambio interno de cualquiera del equipo también coteja miles de movimientos que lo transforma todo.

Se llega al estreno y en constante interacción con el público asistentes se vuelven a efectuar miles de cambios en detalles mínimos. Nunca acaba el proceso de transformación porque nunca acaba el proceso de relación. La única bolla es el objetivo, el mensaje y el cambio que ese mensaje ha de producir.

El movimiento continuo, el completo control de este continuo ir y venir de todos los elementos que componen una personalidad es la hipótesis que levanta la experiencia de marca.

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