viernes, 2 de julio de 2010

Del Arte, en Eventos, ¿sospechas que resta?

Pintura: La noche estrellada (1889), de Vincent van Gogh.


Resta, sin duda resta. Recompongo discursos, que cuestan años hacerlos. Me empeño en dar soluciones que traslado a miles de papeles hasta dar con la clave de síntesis, que todos buscan, para alcanzar el éxito. Recuento debes y haberes, invento estrategias complejas para mantener a salvo el baile de números, en contabilidades que me preocupan. Corro más rápido que todos y por el camino, sudo el doble que los competidores. Reviso armas secretas, creo artimañas para ser el primero. Levanto el ánimo ante una audiencia que me mira perpleja y adormilada, para atraer una atención imposible en personas que se implican la mitad que yo. Me esfuerzo, luego, sin medida, para escribir comunicados internos y panfletos publicitarios después de mi evento, para volver a transmitir los puntos donde, aquel, bostezaba.

Y luego, llega Arte y se los lleva a todos de calle. Se desperezan, olvidan el bostezo, miran boquiabiertos cabriolas y me felicitan, no por mis esfuerzo, sino por la contratación de ese espectáculo que llevan a casa guardado en sus retinas. Quedando para mi, mañana, el volver a repetirles puntos y comas de todos mis desvelos cuando ellos, en sus paseos repiten, como loritos, todo el despliegue de unas gentes que ni son, ni pertenecen a mis preocupaciones por el éxito de la tarea que todos han de recordar a base de más papeles escritos y más reuniones. Que si, que resta al Evento

Del valor de un discurso y la alianza con Arte

Arte, por si mismo actúa en dos direcciones que crean valor: da contenido a un mensaje para conseguir una mayor interacción, un correcto impacto y manifiesta una belleza que por sí sólo el mensaje no puede trasladar.

Comparte experiencias con Arte y deja que Arte te ayude para construir un discurso coherente de principio a fin con el que elaborar experiencias innovadoras en una estrategia de Marketing y de consecución de equipos de alto rendimiento, que hagan cambiar la queja, que resta, por la esperanza que suma.

Gastar en eventos, es inevitable, ¿Porqué no sacar un rendimiento tangible de esa inversión?

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