martes, 31 de agosto de 2010

Diseño de aventuras compartidas con la marca en eventos

La cualidad de la aventura como motivador de desarrollo del Valor emocional

El modelo de negocio que hemos creado siempre ha estado funcionando por encima del Valor Funcional de este desde la primera idea, convertida en reto y luego en meta, pasando por todos y cada uno de los esfuerzos realizados desde el comienzo hasta el mismo día de hoy, marcando líneas de relación de las que brotan, casi sin querer, cúmulos de Valor Emocional que han estado interaccionando con los clientes, sin que nosotros hallamos tenido conciencia o control sobre ello. Mientras prestábamos atención a los números, los números han tenido una vida independiente a la que nosotros quisimos darle llenando de reputación positiva o negativa toda la imagen de la empresa.

Estrategias de gran contenido incentivador por comisiones han llenado los puntos de encuentros de ciertos aspectos de imagen de agresividad y de descontrol. Políticas de contenidos excesivamente amables han logrado cultivar imagen de laxitud en procedimientos y de mucha incoherencia en los procesos. Diferentes políticas aplicadas a distintos departamentos logran trasladar imágenes de empresas de trato lejano que obligan al cliente a buscar fórmulas de desquite en la resolución de incidencias dejando huellas de imagen llena de despropósitos que incomodan e inquietan. Los pasados vuelven y no encuentran salidas porque la comunicación siempre está rota porque no tiene un hilo común que sostenga la explicación de todas las acciones. La imagen se rompe en cuanto el empleado o el cliente tiene que tratar con más de dos departamentos distintos.

El diseño de aventuras compartidas ha de tener en cuenta el pasado desde el que se llega y ha de encontrar la síntesis poética que aglutine el máximo de información, ofreciendo posibilidades de unificación de criterios para conseguir una historia más atrayente porque respeta la coherencia de principio a fin en la construcción de la estructura dramática adecuada. Aún lo más triste puede tener finales felices, todo depende del grado de honestidad que se elija dar a los espacios de comunicación a partir de cualquier momento presente que intente modificar el futuro.

Se ha de saber que no se trata de crear una historia atractiva de imagen perfecta que no pueda, de ninguna forma, identificarse con la realidad de la empresa o que la identifiquen con la competencia. Las historias correctas nacen de pasados amables o agresivos que intentan modificarse y esa es la tan buscada diferencia.

El camino parece lento pero hemos podido observar en el panorama actual como una buena estrategia de comunicación puede romper, en cuestión de semanas, una imagen que causaba un máximo grado de antipatía en el público general. El ejemplo, lo dan los controladores aéreos.

Cuando la historia está construida los soportes donde ésta se va a transmitir podrán contar con una línea ininterrumpida de posibilidades facilitando el diseño de cualquier discurso. Los mensajes específicos para cada punto de encuentro, eligen técnicas y formatos distintos en los canales de transmisión. Un empleado al teléfono, emite su texto. Un consultor en casa del cliente ejecuta su acción. Los publicistas desarrollan campañas publicitarias. Los organizadores de eventos despliegan campos de juego donde compartir experiencias. Pero todos, sin excepción, se han de dejar influir por la tonalidad de la historia, si se logra que ésta sea lo suficientemente atractiva y manifieste una coherencia de principio a fin en la estructura dramática que les permitirá romperla, volverla a a construirla sin tocar su esencia.

De los soportes que cuentan la historia a los soportes de comunicación de mensajes que crean campos de juego donde compartir experiencias se hará realidad. Los organizadores de eventos que cuidan el Branding de la marca son los que diseñan las aventuras a las que se invita a participar desde otros canales de comunicación.

Los organizadores de eventos, juegan hasta el momento, con el hábito de crear ilusiones donde se intenta que la imagen se identifique con modelos perfectos pero los organizadores de eventos, con vocación de ser útiles, deben tender a cuidar todos los huecos donde se cuela la realidad que aleja la fantasía del evento hasta convertirlo en una caricatura que unifica y no marca diferencia alguna. Los huecos que asustan porque creemos que por allí caen los errores, en realidad, son los espacios donde se va a construir el diseño de aventuras más atrayentes, que la marca podrá compartir con sus empleados y clientes. Son los huecos que asustan, los que mejor aprovechan las oportunidades para crear espacios de diálogo donde profundizaremos relaciones que cumplirán la expectativa de convertir empleados y clientes en usuarios y fans que darán rentabilidad a nuestras inversiones.

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