lunes, 16 de agosto de 2010

Eventos que se convierten en estrategias

Eventos con vocación de ser rentables

Eventos que brillan llenos de materiales nuevos del todo inconexos. Materiales artísticos que gustan a quien contrata pero, que ocultan, que no gustan a todos. Aunque, sorpresa, se irán agradecidos pero sólo hasta mañana, a primera hora. Materiales artísticos que hablan del poder adquisitivo, dando una supuesta imagen de solvencia corporativa que registra aguas de simpatías en algunas retinas pero que al terminar, esperan en balde devoluciones efectivas, que nunca llegan. Materiales técnicos que envuelven en imagen de gran innovación y dotan de un glamour, que queda obsoleto, justo al día siguiente, cuando lo supera la competencia. Despliegue de materiales técnicos que vuelven a hablar del gran poder adquisitivo de la empresa que muestra y que quedan olvidados en el público asistente, nada más, tomar la primera copa. Brillos en manteles, en cubertería fina que son los mismos que ayer, usó la competencia. Ideas gastadas, copiadas que muertas de miedo por parecer ser diferentes buscan sin cuartel y a pesar de todo, la esperada diferencia. Eventos que toman bienvenidas marcadas de protocolos que obligan a ser, a todos, exactamente iguales. Formas políticamente correctas que disfrazan de parecidos que alejan, la tan ansiada, diferencia. Cortesías baratas y huecas que dicen ser distintas pero que te hacen sentir, como siempre. Eventos que sufren porque no logran cambiar estados anímicos taciturnos en lúdicos, divertidos y sobretodo en estados útiles que podrá aprovechar la empresa organizadora. Eventos que transcurren en espacios didácticos y aburridos que cuentan absurdas listas que se olvidan nada más llegar el primer plato desde la cocina. Donde el nudo se desata, cuando la corbata más aprieta levantando sonrisas que agradecen a los artistas de la cocina, de la bodega, de la decoración y de la escena, eventos, que olvidan, en dos segundos, al ejecutivo y su mensaje que todavía queda detrás, escondido y anudado a sus miedos. Eventos que se despiden en la puerta con agradecimientos interesados en lo que sucedió pero no en lo que vendrá mañana hasta su casa. Eventos que se revisan llegando al coche y que terminan gritando "Bonito, ¡Que majos! estuvo bien, pero no me los creo. Yo sigo sin creérmelos, en nada".

Son eventos que sacan de la tristeza en dos segundos y que al momento siguiente nos vuelven más tristes porque terminamos reconociendo que somos totalmente incapaces de llevar toda aquella creatividad, alegría, entusiasmo, soltura, implicación, emocionalidad a nuestro entorno laboral. Eventos muertos porque mañana, al llamar al cliente, este sentirá como una bofetada, toda nuestra incapacidad, al oír a nuestro empleado aburrido y desmotivado, hablando exactamente igual a como lo oyó el día anterior al fantástico evento, aunque, el empleado sepa hacer uso de una fantástica sonrisa telefónica. Son esos eventos que terminan fomentando, aún más si cabe, la idea de que "tengo que seguir sin creerme nada de estos". Siente el cliente, que el evento fue un fraude, aún viendo de frente a otro de los empleados, que parece, que le cuenta sus textos con naturalidad y cortesía impresionantes. Son eventos que mienten y que nos descubren, sin quererlo, como el autor, que se inventó la mentira, aunque nuestro cliente sea especialmente cortés y haga referencia a nuestro esfuerzo por tener la cubertería en la que tomó caldo justo en el evento en el que estuvo con nuestro competidor más cercano.

Eventos cansados que nos dicen que el empleado los toma y como los toma, los deja encima de la mesa, envueltos en las servilletas con las que se limpio la boca la competencia. Eventos cansados que dicen que el cliente aprovecha, se ríe y juega, pero que se va a casa y mañana, tendremos que visitarle y empezar de cero, como siempre.

Eventos cansados de no contar historias útiles y de no sacar ningún rendimiento. Que nos identifican más de lo que nos diferencian y que hacen inútil la inversión y todo el esfuerzo.

Pero estos eventos cansados, son los eventos que terminaran convirtiéndose en eventos que querrán ser estrategias completas y claras para conseguir un gran posicionamiento en todo el valor reputacional que necesita una empresa y que irán, paso a paso, a convertirla en una gran marca. Son eventos que tienen guardada una gran vocación por convertirse en rentables.

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