viernes, 15 de octubre de 2010

¿Puede que existan los eventos estratégicos?

El aguador de Sevilla (1620) Apsley House, Londres

Reviso contextos cuando quiero adecuar los espacios para ejecutar el diseño de las campañas publicitarias. Sé que los gritos en el mercado con el lenguaje corporativo son necesarios, que los mensajes cortos atractivos y sugerentes, también piden una reserva de atención. Soy consciente de que estamos sufriendo un cambio en el mercado, que el consumidor solicita contenidos de calidad de forma más incesante y exige que cubramos espacios de relación. Los soportes que pueden trasladar más contenido, están en el mundo virtual, y sospecho que el espacio para eventos porque ofrece posibilidades para trasladar impacto de imagen, algo que ha estado haciendo durante todo este tiempo, aunque, con resultados poco satisfactorios pero oigo campanas que indican que han sido desaprovechados, quizá por la falta de necesidad hasta el momento, por falta de conocimientos. Pero, no se me escapa, puedo ver como los equipos artísticos trasladan historia, contenidos y abren campos de juego a la interacción en las relaciones para ellos mismos, de forma independiente a mis intereses.

Cuando hablo a los artistas, me doy cuenta de que ven otros conceptos y puedo apreciar sus caras que hablan de despropósitos en las propuestas que les acerco, también, soy consciente de que sus miradas se vuelven frías al sacar el material que les pido y que ofrecen. Pero no puedo dejar de pensar que se callan más de lo que hablan.

Si podemos hablar de tener fans en vez de empleados y clientes, es porque el arte, funciona dentro de esos parámetros. Soy consciente de que las instituciones públicas usan del arte, de forma completamente distinta a las empresas y lo estiman como valor de gran importancia en todas y cada una de las acciones que ejecutan.

No puedo dejar de pensar que hay algo que se me está pasando. Algo se escapa a mi entendimiento. Creo que sí, creo que puede que existan eventos estratégicos pero no sé como hacerlo.

Existen y están a tu alcance

No pidas a tus proveedores de arte que saquen solo producto que tú seleccionarás por gustos y no por criterios útiles.

Cambia el concepto de proveedor por el de colaborador y solicita que aporte los criterios de utilidad que guardan celosamente de tu mirada exigente

Cuando hablas con un publicista le cuentas objetivos, intereses y le solicitas que en dos frases contenga tu mensaje. Cuando hables con un colaborador de las artes escénicas, solicita que a parte de su historia y mensajes, escuche tu historia, tus contenidos y tus mensajes y pídele, que con toda honestidad, te diga, si puede solapar los tuyos a los que ellos ya traen. Escucha y espera respuestas no estructuradas en lenguaje emocional. Espera respuestas convertidas en técnica, herramientas, estilos y ejercicios concretos. Si un artista te habla en lenguaje emocional, observa sus ojos, si bailan al son de los sueños y no de los retos, desestímalo para ese proyecto concreto, habrán otros y a él le habrá dado tiempo a pensar y revisar sus baúles para sacar herramientas útiles. Sino te da tiempo para elegir otro artista, tendrás que ser tú y solo tú quien le saque esas herramientas, sino conoces las herramientas, debes encontrar quien las conozca y las use a diario para que te haga de traductor o intermediario.

Debes controlar todo el proceso, un artista de las artes escénicas, sabe y puede expresar con claridad meridiana, en que detalle, color, nota, en que coma, punto, texto o gesto están cada uno de tus contenidos.

Si necesitas interacción, si necesitas generar relación in situ, toma la determinación de contar con artistas que hallan o estén trabajando de forma habitual en espacios no convencionales.

Si quieres valoraciones posteriores de resultados, deja que hablen al terminar el evento con los asistentes. Participa tu de las conversaciones y escucha las contradicciones que los artistas vean, ellos marcharan a casa a romper estructuras y crear otras nuevas para evitarlas y tú debes aprender de ellos, como lo hacen.

Evita a los artistas de las artes escénicas que tienen comportamientos similares a los que te harían reclamar la palabra divismo. Ellos, los imprescindibles, son y se comportan como simples artesanos.

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