lunes, 18 de abril de 2011

Se puede estimar el valor del empleado en el diseño de Marca

Three Keatons, 1901


El empleado como embajador del modelo de negocio

Dos acepciones para designar el mismo elemento en contextos diferentes. Si bien el empleado es un recurso lingüístico que se usa para hablar de la persona que realiza una tarea concreta en función de las órdenes que recibe y por la cual le pagas. Un embajador es un concepto que requiere abrir la percepción de, la misma tarea, a espacios donde las órdenes deben tomar vida propia para poder adaptarlas a situaciones fáciles y difíciles. Tarea que exige que este trabajador posea todas las cualidades necesarias para dar solución creativa inmediata ante cualquier crisis, sin perjudicar los intereses que ha de defender. Mientras que el concepto de empleado sigue estimándose para la ejecución precisa de órdenes dispares, el embajador ha de ejecutar órdenes de forma creativa exigiéndose de ellos, la capacidad de dar soluciones, unificando direcciones diametralmente opuestas para satisfacer los intereses de las personas implicadas.

Creatividad y talento

El empleado que se transforma a embajador de Marcas, lo hace en función del despliegue creativo que es capaz de sostener. Su creatividad y su talento debe ser potenciado al máximo, la ilusión, la implicación y la esperanza en que, va a lograr encontrar la solución perfecta, es el motor básico que despierta estas habilidades. Sin una percepción real de que el producto o servicios que gestiona, no puede manifestar un carácter de gran utilidad y nunca abrirá el espacio de libertad donde depositar la belleza que puede ser capaz de transmitir a quien lo va a adquirir, ni la creatividad, ni el talento lograrán desarrollarse y, la solución mecánica de las tareas, convertirán, de nuevo, al embajador, en un simple empleado al que habrá que vigilar, de forma constante, para que realice la tarea a la que no podrá aportarle el valor añadido que puede ofrecer la solución única y exclusiva que dará forma a la diferencia que tanto anhela el modelo de negocio para que se le identifique correctamente.

Desarrollo de habilidades creativas y potenciación del talento

No hay habilidad creativa que cualquier equipo artístico no pueda potenciar, a través, de técnicas ancestrales que han sido probadas con todo éxito. No hay talento que no pueda identificarse con el esfuerzo constante y el pleno conocimiento de todo lo que esté relacionado con la tarea en la mente colectiva de cualquier equipo artístico al que se quiera uno acercar.

La creatividad se entrena y se desarrolla en cualquier punto que precise atención.
El talento se posee en una mínima proporción y sólo el trabajo constante logra sacarle el máximo potencial productivo.

La creatividad y el talento solo buscan, como motivación, la capacidad de solución de problemas ofreciendo el máximo exponente de utilidad y se despliega en contextos donde se pueden obtener Beneficios y donde se puede ofrecer Belleza, con el único objetivo de permanecer como huella indeleble en todas las personas que se relacionan con el producto o los servicios que se ofrecen.

Gestión de Talento

La gestión de talento requiere de más talento y más creatividad que el que puedan desplegar todos los interesados en las primeras fases de construcción. La capacidad de escucha debe ser potenciada por encima de la media, la capacidad de asociación de diferentes informaciones debe ampliarse el máximo, la habilidad de ofrecer una solución creativa que los unifique a todos debe ser la única tarea del gestor de talento.

Las ideas preconcebidas por parte de un líder que se enfrenta a la gestión de talento forman la cara del enemigo más potente al que deberá enfrentarse, cualquiera que asuma esta tarea. La apertura constante es lo único que le permitirá moverse por las infinitas contradicciones a las que se verá expuesto porque la mínima presión ejercida generando encuadres que olviden a cualquiera de las partes conformaran el cúmulo de errores que deberán asumirse en una transformación que empieza a caminar desde el punto de partida de las estructuras jerarquizadas a las que está acostumbrado el modelo de negocio que vive anclado en la pasada era industrial y que no llega a asumir los cambios necesarios a los que obliga una era de la información que ya copa todo el mercado.

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